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lunes, 16 de mayo de 2011

EL INFORME AMERICANO: SAN PALERMO, LA HISTORIA DEL EVANGELIZADOR

por Emanuel Vergara

“Tonto es el que hace tonterías” dice cada vez que se reproduce en el DVD un Tom Hanks que nunca envejece y siempre es Forrest Gump. “Loco es el que hace locuras” podría decir Martín Palermo que, en esta vida de película, no fue a Vietnam, no fue amigo de Bubba, no se hizo millonario con los camarones, no fue una estrella de ping-pong, pero casi.

Sí se le ha caído una pared encima mientras festejaba un gol, sí ha hecho goles con los ligamentos rotos, sí ha marcado goles en un Mundial en sólo diez minutos, sí se platinó el pelo y se vistió de mujer para llamar la atención, sí se quitó los pantalones para festejar un gol y no se fue a San Martín de Tucumán en 1995 por una diferencia de 10 mil pesos (1.694,91 euros), ahí el guión hubiese sido diferente.

Ayer en La Bombonera, Palermo escribió su último capítulo en un Superclásico y fue con final feliz, convirtiendo en el 2-0 de Boca sobre River. Una pelota al área que agarró a la defensa millonaria tirando el fuera de juego demasiado tarde. Almeyda quedó enganchado y con los ojos bien abiertos, ‘El Titán’ la cabeceó por encima del alma de Juan Pablo Carrizo y desató el delirio y la locura xeneize.

Las lágrimas del ‘Optimista del gol’ al final del encuentro, el abrazo de todos sus compañeros y la voz de La Bombonera al unísono haciendo sonar el hit de la tarde: el “Paaaalermooo, Paaaalermooo…”, pusieron el corolario a una jornada que no fue perfecta sólo porque Independiente derrotó a Olimpo y así los de JJ López siguen fuera de promoción, pero eso poco le importa al ‘Loco’.

Resulta un esfuerzo de poesía decir algo que no se haya dicho sobre Martín. Heroico, épico, dramático, angustioso, sublime, superlativo, irrisorio, ridículo son todas palabras posibles. Pero es esta última la clave de la persistencia en el tiempo del ‘Titán’. El 9 de Boca es un jugador que no le tiene miedo al ridículo y en esa valentía radica su existencia heroica. Tiene que definir una jugada con la cabeza a la altura de la rodilla, en una posición más digna del kamasutra que del fútbol, no importa lo hace. Y siendo héroe cosecha idilio con sus seguidores y levanta el respeto y la admiración de sus contrincantes.

Once fechas estuvo sin convertir en este Clausura, de hecho marcó el peor registro de su carrera (951 minutos). Nunca decayó. Una vez que rompió la sequía ante Huracán, abrió el cielo y diluvió. Marcó luego en fila a Independiente, Argentinos y River. Ya tiene cuatro en el torneo, 8 en la historia de los Superclásicos, 234 en Boca –máximo goleador de la historia del club-, 270 en el fútbol argentino -7º máximo artillero del profesionalismo- y 304 en toda su carrera.

Pero si de diluvios hablamos cómo podemos olvidar el capítulo más pasado por agua y más milagroso: el día que Palermo hizo llover agua bendita. Eliminatorias sudamericanas para el Mundial de Sudáfrica, Argentina-Perú en El Monumental, 10 de octubre de 2009. La selección de Maradona venía de caer en seguido con Ecuador, Brasil y Paraguay, por lo que la clasificación a Sudáfrica se complicaba. Con Perú las cosas no andaban bien. Minuto 90 de partido, los peruanos igualan el encuentro ante un estadio que se queda en silencio…hasta que apareció San Palermo, y en el minuto 94 se puso la capa invisible y por detrás de todos sin que nadie lo viera conectó un buscapié que mandó a dormir para siempre en el fondo de la red.

El milagro ya estaba hecho, los montajes fotográficos y audiovisuales hicieron el resto. Palermo dejó de ser patrimonio boquense y se transformó en ídolo nacional. Nueve meses después esa semilla que plantó en Capital Federal daría sus frutos en Polokwane. Tercera jornada del Grupo B del Mundial de Sudáfrica, Argentina-Grecia en Polokwane, 22 de junio de 2010. La selección de Maradona se imponía 1-0 a los helenos, se aseguraba la primera colocación con puntaje ideal y el objetivo ahora era el gol de Lionel Messi. El astro del FC Barcelona buscó hasta el hartazgo batir al portero Tzorvas, pero entre éste y los palos se lo negaban. Minuto 80, entra Palermo sale Milito. Minuto 89, Messi arma una jugada estupenda que si convertía hubiese sido uno de los goles más lindos de la competencia, pero por enésima vez Tzorvas le ahogó el grito. Pero lo que el genio del fútbol mundial no pudo, el ‘Optimista del gol’ sí. Cogió el rebote y de derecha con una definición muy extraña nos terminó de convencer a los escépticos. Nos evangelizó.

San Palermo en carne ya viste santo. El hombre que fue capaz de errar tres penales en un partido (record Guiness) y redimirse diez años después en un Mundial. El hombre que marcó el gol 100 de su carrera con los ligamentos rotos, que estuvo 7 meses sin jugar y que cuando volvió lo hizo convirtiendo y eliminando a River de una Copa Libertadores. El hombre que se le cayó una pared y construyó un rascacielos de admiración. El hombre que metió un gol de cabeza desde 40 metros, que pateó un penal con los dos pies, que metió goles de taco, de chilena, desde la mitad del campo. Todo eso y mucho más es Martín Palermo. El hombre que no teme al ridículo, el optimista del gol, el hombre que en cuatro partidos colgará las botas y todos ya estamos haciendo la cola del cine para ir a ver su película.

sábado, 14 de mayo de 2011

BOCA-RIVER, EL PLACER DE JUGAR POR LA COCA-COLA

por Emanuel Vergara

Lejos en el tiempo ha quedado la época en la que el por entonces entrenador de River Ramón Díaz y el ex presidente de Boca Mauricio Macri asistían en la semana previa al Superclásico a los programas de televisión y se apostaban camionetas y demás cosas. El glamour y la ostentación parecen ser cosa del pasado para los más grandes del fútbol argentino.

Lejos en el tiempo quedan las épocas en que ambos equipos se disputaban palmo a palmo el torneo local y llegaban a instancias decisivas en el plano internacional. Con objetivos muchos más modestos, pero no por eso menos importantes en virtud de lo que se juegan, Boca Juniors y River Plate disputarán en La Bombonera la versión 188 del partido más atractivo del mundo.

Desde 2008, año en el que River ganó el Clausura y Boca el Apertura, los eternos rivales vienen en franca decadencia deportiva e institucional. En ese lapso, los Millonarios fueron colistas por primera vez en su historia –Apertura 08, que ganaron los Xeneizes- y no han sido protagonistas en ningún campeonato. De hecho su mejor actuación fue en el último Apertura donde finalizó cuarto con 31 unidades.

Ese cuarto puesto se vivió como un bálsamo en medio de la tormenta que han sido los últimos tres años que han empujado al club más laureado del país (33 títulos) al precipicio de la lucha por no descender, situación atípica en su centenaria historia. De hecho, una derrota de los de JJ López en el feudo boquense y una victoria de Olimpo sobre Independiente colocarán a La Banda en zona de promoción con sólo cinco jornadas por delante y un fixture nada alentador donde deberá medirse con equipos como San Lorenzo, Estudiantes y Lanús.

Por el lado de Boca, que todavía cuenta en el promedio con el puntaje con el que fue campeón en el Apertura 2008, el descenso no es un tema que ahora mismo le pase factura. Pero a partir de la próxima temporada los Xeneizes perderán el registro del año en el que fueron campeones y, así las cosas, si la temporada finalizara hoy comenzaría el curso 2011-2012 con sólo dos equipos separándolo de la zona de promoción. Por lo que es de vital importancia para los de Julio Falcioni cerrar bien este penoso Clausura para no sufrir el año siguiente lo que su vecino está sufriendo ahora.

Otro de los condimentos que hacen del encuentro de mañana un partido ‘Top Special’ es que será el último Superclásico del Loco Martín Palermo. Luego del Mundial de Sudáfrica, donde con sólo diez minutos en cancha hizo más goles que Messi, El Titán anunció que al término de la 2010-2011 colgaría las botas, tras una dilatada trayectoria que lo ha llevado a ser el máximo goleador de la historia de Boca con una carrera que ni siquiera se le hubiera ocurrido escribirla al Dante.

Y Martín durante los últimos 14 años ha tenido un rol protagónico en este match de película. Desde que llegara a la institución de La Ribera en 1997, Palermo le ha convertido 15 goles a River (siete oficiales). Y los ha hecho de todos los colores: de cabeza, desde fuera del área, con zurda, con derecha, con lluvia, sin lluvia y hasta se dio el lujo de ser goleador en el último encuentro como profesional de Diego Maradona -25 de octubre de 1997, 1-2 en El Monumental-.

Pero si hay un gol que ha quedado en la retina del pueblo azul y oro es el del partido de vuelta de los cuartos de final de la Copa Libertadores 2000 en La Bombonera. El 24 de mayo de 2000, Boca debía revertir el 2-1 de la ida. En la semana previa el entonces DT Carlos Bianchi anunció que El Optimista del Gol iría al banco de suplentes luego de siete meses de baja por una rotura de ligamentos. Incrédulo, Tolo Gallego –DT de River- dijo “si ellos llevan a Martín yo llevo a Francescoli”. El pez por la Boca muere y esa noche Martín fue un tiburón.

Con la cancha semimojada por una fina garúa, Palermo, que había ingresado a los 77 por Alfredo Moreno, esperó su momento estelar. Minuto 94, Boca ganaba 2-0, River estaba totalmente volcado en ataque buscando el gol que forzara los penales, pero una contra fulgurante de los Xeneizes cayó en la piernas del Titán y ante la pasividad de los defensores millonarios y con todo el tiempo y espacio del mundo, Palermo la acomodó entre el palo y Tito Bonano. El encuentro se acabó con esa conquista y el delantero fue llevado en andas por sus compañeros con las lágrimas que se confundían con el agua bendita que caía del cielo.

Pero Boca y River en sí es un atractivo más allá de los condimentos que lo adornan. Como los Capuletos y los Montescos la historia de Bosteros y Millonarios es un constante devenir de cuentas pendientes que nunca terminan de saldarse y por eso siempre hay un motivo por el que jugar, así sea por quien paga la Coca-Cola.