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lunes, 2 de mayo de 2011

CAMPEÓN DEL PRESENTE, EQUIPO DEL FUTURO

por Carlos Martín Rio

Nueve años más tarde de levantar por última vez la Bundesliga, el Borussia de Dortmund, uno de los grandes, vuelve a ser campeón. El Westfalenstadion, que hoy por hoy, cosas del fútbol, se llama Signal Iduna Park, un escenario que siempre aparece bañado por esa inquebrantable marea amarilla –en los tiempos buenos y en los no tan buenos-, celebró después de la victoria ante el Núremberg (2-0) no sólo el broche dorado a una temporada de libro. También festejó lo que debe ser el inicio de una era.

El BVB representa la nueva ola del fútbol alemán –encabezada por el rejuvenecido espíritu de la Mannschaft- en formato de club. Durante los meses de más brillo, a principio de temporada, cuando encadenaron una racha de 43 puntos sobre 45 posibles (entre las jornadas 2 y 16), los de Jürgen Klopp (43 años) desarrollaron el mejor juego de Europa. Enamoraban con un fútbol basado en el toque, la calidad y la velocidad de circulación, en el dominio de la pelota pero también en una temible capacidad para atacar la portería rival con súbita verticalidad.

Es cierto que en las últimas semanas su rendimiento no ha sido tan brillante y que su renta, que llegó a ser de doce puntos, se fue reduciendo ante el acoso de un Bayer Leverkusen en racha. Quizás la presión y la falta de experiencia han tenido algo que ver. Lo más probable es que la baja en los últimos partidos de Nuri Sahin, el alemán de ascendencia turca, pieza clave, el hombre de más talento del equipo –que ya es decir-, los ha limitado demasiado. Sea como sea, su triunfo final es incontestable, han sido un líder inalcanzable durante todo el año. De sorpresa a revelación y de revelación a realidad palpable en sólo unos pocos meses. Una gran noticia para todos los que disfrutamos con la excelencia.

Este equipo tiene los mimbres para marcar una época. Pero para que eso ocurra es necesario que se trabaje bien en los despachos. Media Europa sondea a estos jóvenes virtuosos que han maravillado en Alemania. Valores en alza que si mantienen este bloque pueden tener algo que decir en la próxima Liga de Campeones, una competición que el Dortmund ganó en 1997 (3-1 a la Juventus en una final disputada en Múnich) con otra generación irrepetible (Chapuisat, Riedle, Sammer, Kohler,…).

Todavía no son aquel equipo que dirigía Ottmar Hitzfeld, pero a uno le entra la risa nerviosa al  pensar en el margen para la progresión que tienen la mayoría de futbolistas (23 años de media de edad) del actual Dortmund. Su pareja de centrales, consolidada e indiscutible, Mats Hümmels y Neven Subotic, ambos de 22 años, muestran partido tras partido que su compenetración los acabará convirtiendo en impenetrables. La misma edad tiene Sven Bender, un mediocentro que aporta equilibrio. 23 tiene Marcel Schmelzer, un lateral izquierdo con recorrido que no descuida las tareas defensivas, y 25 Lukasz Piszczek, que rinde bien por la derecha. Pero la lista de jóvenes con talento aumenta en grosor cuando nos acercamos a la portería rival. Ahí encontramos el antes mencionado Nuri Sahin, de 22, una joya que tendría cabida en cualquier grande europeo; pero también al talentoso Mario Götze, de sólo 18 años, Kevin Grosskreutz (22) o al polaco Kuba Blaszcykowski (25). Al que nos quedamos con las ganas de ver mucho más esta campaña es al japonés Shinji Kagawa (22), que se lesionó a principios de 2011 en la Copa de Asia cuando llevaba una impresionante progresión (12 goles). Habrá que ver hasta dónde llega su rendimiento la temporada que viene, pero si todo va como debe recuperará su lugar en el once inicial. También hay que destacar, como no, al delantero paraguayo Lucas Barrios, máximo goleador del equipo con 19 tantos, y no olvidar, por supuesto, al punta polaco Robert Lewandowski (22), que ha contribuido con 9 goles.

Todos ellos tienen un espléndido futuro a nivel individual, pero si el club consigue retenerlos y con ello propicia que crezcan unos al lado de los otros, podemos estar hablando de un conjunto de esos que, al cabo de los años, uno puede recitar de memoria. 

sábado, 16 de abril de 2011

EL ÁNGEL DE GELSENKIRCHEN

por Emanuel Vergara

Los medios de comunicación alemanes vienen alertando desde hace unos meses que en la Cuenca del Ruhr se ha detectado la presencia de un ente sobrenatural que estaría alterando el estado de ánimo de los ciudadanos de Gelsenkirchen. Según fuentes poco fiables, se trataría de un ángel que durante los últimos 15 años habría estado haciendo de las suyas en Madrid.

La máquina procesa y en cuestión de segundos deduce: sobrenatural + Gelsenkirchen + ángel + Madrid… es claro que no puede ser otro sino el Ángel de Madrid, ahora rebautizado por los fieles seguidores mineros del Schalke 04 en El Ángel de Gelsenkirchen, Raúl González Blanco.

Cuando el máximo goleador de la historia del Real Madrid (323 goles) decidió abandonar su “casa” por la falta de minutos mínimamente necesarios para considerarse útil, respetado y feliz; nadie imaginó el resurgimiento de este mito viviente que está llevando de la mano a su actual equipo a una temporada histórica en Europa, acrecentando aún más su leyenda.

La temporada va llegando a su fin y el Schalke se encuentra donde nadie esperaba que se encontrara: en semifinales de Champions donde deberá debatir con el Manchester United. En ningún momento los Mineros estuvieron en los planes de alguien. Ni en su grupo cuando finalizaron por encima de los favoritos Lyon y Benfica, ni en octavos ante un equipo de galones como el Valencia, y mucho menos en cuartos de final ante el campeón del mundo, el Inter de Milán.

Y en este andar, imprescindible ha sido la figura del 7 que con cinco goles y dos asistencias en diez partidos ha dado alma y vida al sueño de toda una ciudad. Y no han sido goles de relleno sino que ha marcado en Mestalla ante los Che (1-1) dejando la eliminatoria abierta para liquidarla en el Veltins-Arena, marcó en San Siro en el baile histórico al Inter (2-5) y ayudó a certificar la clasificación a semis por vez primera en la historia del club rematando a los italianos con el 2-1 de la vuelta.

Pero así como lleva de la mano a los Mineros, de la mano lleva también el crecimiento de su leyenda, donde casi no le quedan récords por batir. Sin proponérselo, gracias a su actual campaña en Champions, Raúl se ha convertido en el máximo goleador en competiciones UEFA con 73 conquistas y obviamente también de la UCL con 71, además de ser el jugador con más presencias (142) en tal competición por encima de Paolo Maldini.

Y como si fuera poco, el equipo que ahora dirige Ralf Rangnick disputará el 21 de mayo ante el Duisburgo la final de la Copa de Alemania, competición que los azules han obtenido en cuatro oportunidades –la última en 2002-. Pero llegar ahí no habría sido posible sin la protección angelical del madrileño, que en semifinales remató con la cabeza lo que ordenó con el alma y eliminó así al vigente campeón del torneo, el Bayern Munich, en el mismísimo Allianz-Arena (0-1).
Quizás la deuda sea en la Bundesliga donde el equipo ha sufrido un vía crucis y, a cinco jornadas del final, merodea la mitad de la clasificación con 39 puntos, a 14 de los puestos de Champions y a 9 de Europa League. Pero nada puede achacársele aquí al ex madridista puesto que la institución no se consagra campeón desde 1958. Sin embargo el español ha cumplido con su cuota goleadora marcando 12 tantos en 29 partidos.

Así las cosas, el Ángel de Gelsenkirchen acumula un total de 43 partidos y 18 goles vestido de azul, cifra que a sus 33 años hablan mucho de su personalidad. Pues su deseo de autosuperación lo ha llevado a cambiar su ciudad, su club y su entorno cuando no le hacía falta, pues en Madrid cuando él lo pida le levantarán una estatua de bronce.

Pero su afán de seguir haciendo lo que más le gusta y tan bien hace, jugar al fútbol, lo han obligado a dar este paso y a regalarnos a los aficionados la magia que hemos sabido verle en su época en la Casa Blanca. Ahora es el fútbol el que lo recompensa a él con la posibilidad de alzar dos títulos y ganarse el cielo para siempre.

lunes, 11 de abril de 2011

EL FIN DE LA ERA VAN GAAL

por Carlos Martín Rio

La relación entre Louis Van Gaal y el Bayern de Múnich ya es historia. Con todo el crédito agotado, la cúpula directiva del campeón alemán ya le había comunicado hace unas semanas que no seguiría en el club en la 2011/2012. Pero el pésimo rendimiento deportivo y los problemas con la plantilla han precipitado su despido definitivo cuando todavía faltan cinco jornadas para el final de la Bundesliga. Con él se van sus ayudantes holandeses. Andries Jonker, que hasta ahora era otro de sus asistentes, se hace cargo del equipo hasta que termine la liga. Tendrá que preparar el terreno a Jupp Heynckes, que asumirá el cargo en el banquillo muniqués este verano. Será curioso verlo este fin de semana dirigiendo a su actual equipo, el Bayer Leverkusen, ante su futuro conjunto.

El empate en el clásico de Baviera ante el Núremberg el pasado sábado (1-1), un resultado que los deja fuera de la zona que da acceso Liga de Campeones –a un punto del Hannover, tercero-, fue la gota que colmó el vaso y acabó con la paciencia de los directivos del Bayern, que fulminaron al técnico neerlandés esa misma noche.

La temporada está siendo decepcionante en todos los sentidos. Un pobrísimo arranque liguero, la eliminación en las semifinales de la copa y la caída en los octavos de la Champions ante el Inter han sido las principales razones deportivas que han provocado el despido. Pero para entender este asunto con toda la profundidad que merece,  hay que referirse también a lo dañada que estaba la relación con los futbolistas de más peso de la plantilla.

La pasada campaña fue gloriosa para el Bayern. Fueron campeones de liga y de copa en Alemania y finalistas de la Champions League. Además, la eclosión de hombres como Müller o Badstuber, futbolistas que congeniaban con una plantilla plagada de talento, hacía presagiar que se había iniciado una dinastía ganadora en el Allianz Arena. Pero con el nuevo curso todo cambió. En liga el equipo empezó horriblemente mal –no enlazó dos triunfos seguidos hasta el mes de diciembre-, mientras el Borussia de Dortmund iba abriendo una brecha insalvable. Y luego llegaron las eliminaciones de la Champions y la Copa Alemana y el panorama adquirió tintes dramáticos. 

Van Gaal no atendió a esa máxima que dice que cuando algo funciona es mejor no tocarlo y sus innovaciones fueron más destructivas que constructivas.  Se marcharon Van Bommel y Demichelis mientras el conjunto se iba derrumbando e iba perdiendo su identidad y su equilibrio. Y el siguiente podría haber sido Ribéry. Los futbolistas que, como el francés, cuestionan las decisiones del entrenador no tienen ninguna posibilidad con Van Gaal.

Su decisión de dar la alternativa al joven portero Kraft, de 22 años, en detrimento del veterano Butt, no gustó nada a los pesos pesados del vestuario, esos que hoy seguramente respiran un poco más tranquilos. Según ha expresado el presidente de la entidad, Uli Hoeness, el cambio de porteros fue el detonante de toda la problemática posterior. Ese chispazo que ha acabado por provocar el incendio que se ha llevado por delante a un técnico genial al que le pierde su obsesión por conservar su autoridad caiga quien caiga.

Como  cuando se tuvo que ir, también por la puerta de atrás, de Barcelona, habrá que esperar a que el tiempo cure todas las heridas superficiales para que se empiece a valorar el trabajo que ha hecho Van Gaal en el Bayern. Los aspectos positivos de su trabajo, que los hay, no deben caer en el olvido. Parte de su legado deportivo ayudará, sin duda, a desarrollar el nuevo proyecto que encabezará Heynckes. 

sábado, 5 de marzo de 2011

LA FIEBRE AMARILLA



por Emanuel Vergara
Cuando se habla de estados anímicos en los que se pierde el rumbo, lo consejos de los más cercanos se centran básicamente en recomendarle a uno ‘volver a las raíces’. Un cliché, que por serlo no deja de tener cierta veracidad en muchos casos.
Uno de estos casos es el del líder de la Bundesliga, el Borussia Dortmund que con su victoria sobre el Colonia (1-0) sacó quince puntos de ventaja a su inmediato perseguidor, el Bayer Leverkusen. Ventaja que lo pone cerca del título que se le niega desde 2002.
Es que el Dortmund, que supo saborear las mieles de su época dorada en la década de 1990, ha atravesado, en el comienzo del siglo XXI, una década infame de la que sólo pudo respirar una brisa primaveral en 2002 gracias a la magia de Tomas Rosicky y los goles de Jan Koller.
Pero el resto de las campañas han rozado la mediocridad deportiva, pero sobre todo la debacle institucional. Es extraño que un club que tiene el promedio de asistencia más alto de toda Europa (unos 80 mil seguidores en cada partido en Westfalenstadion) haya estado al borde de la quiebra en el año 2005.
Pero desde que Reinhard Rauball asumiera como presidente del Dortmund en 2004, el club comenzó con un lento proceso de recuperación económica basada de manera estricta en un proceso de sustitución de importaciones. Es decir el club dejó de fichar y empezó a nutrirse de la cantera. En otras palabras, ‘volver a las raíces’.
Los primeros años de este proceso fueron duros ya que los amarillos no peleaban campeonatos, incluso en alguna oportunidad transpiraron para mantener la categoría. Pero, de a poco comienza a florecer el jardín de benjamines con jugadores que de media no superan los 23 años como los defensores Matt Hummels y Neven Subotic, el mediocentro Nuri Sahin o el creativo Mario Gotze.
Es más, cuando la semana pasada venció al Bayern Munich a domicilio (1-3), algo que no sucedía desde 1991, el entrenador Jurgen Klopp alineó al equipo más joven de la historia del club con un promedio de edad de 22,7 años.
Con una formación que fue furor durante el último mundial de Sudáfrica, el 4-2-3-1, los de Klopp tienen firmeza en la defensa con Hummels y Subotic de centrales, mucha pierna en el mediocampo con Sahin y Sven Bender, explosión por las bandas con Lewandowski o Grosskreutz, además de contar con un gran finalizador de jugadas como es el argentino nacionalizado paraguayo Lucas Barrios.
Desde la época en la que el entrenador era Ottmar Hitzfield y había jugadores como Mathias Sammer, Jurgen Kohler, Stefan Reuter, Paulo Sousa, Andreas Moller o Lars Ricken, que fueron la base de la Alemania campeona de Europa en 1996, que la hinchada más seguidora del viejo continente no gozaba de tan buen fútbol acompañado de la mano por buenos resultados.
Ese equipo de Hitzfield que fue bicampeón de Bundesliga en 1995 y 1996 y ganó la Champions League e Intercontinental de 1997 empezaba a verse borroso, pero los jóvenes de Klopper quieren marcar una nueva era, empezando por sumar la séptima Bundesliga para la institución. Tiempo tienen de sobra estos jóvenes irreverentes.
DORTMUND SUPERA EN MUNICH AL BAYERN, 20 AÑOS DESPUÉS