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martes, 21 de febrero de 2012

SUEÑO CONTRA PESADILLA



por Carlos Martín Rio

El Nápoles llega pletórico a una nueva cita con su historia. Más de veinte años después, esta temporada ha vuelto a la máxima competición continental, y su participación está siendo mucho más que un testimonial brindis al pasado. Hoy, ante uno de los grandes de Europa en la última década, San Paolo se engalanará a su manera típicamente infernal para volver a ser escenario de una eliminatoria directa de Copa de Europa. Cuando Hamsik, Lavezzi y el depredador Edinson Cavani combinan en ataque, el recuerdo de Maradona acelera su camino hacia el museo. Tras dos décadas de reconstrucción, deudas, desgracias varias, refundaciones y ascensos, hoy el Nápoles vive de lo que es y de lo que será, más de lo que fue un día en el pasado.

En la liga está pagando quizás el rigor de una temporada de máxima exigencia, y se encuentra alejado a 13 puntos de la primera posición. Es cierto que en algunos encuentros le ha faltado la solidez y la contundencia de los equipos acostumbrados a ganar, pero en su progresión adivinamos más síntomas de crecimiento que de pausa. El Nápoles es un conjunto con personalidad propia que suele ser fiel a un esquema fijo (3-4-3). Su éxito no está basado en ser camaleónico y adaptarse a las carencias del rival, sino en la ejecución de unas premisas básicas que tienen una suficiencia probada. Con ese dibujo, el equipo partenopei quiere ser férreo, seguro, lo cual lo lleva a ser en ocasiones demasiado reservado y defensivo. El tecnico Walter Mazzarri se basa en tres centrales fuertes -si la disciplina funciona como debe- (Aronica, Cannavaro y Campagnaro), una línea de cuatro en el centro del campo con dos alas (Maggio, Dossena, Zúñiga) que cubren la banda y dos hombres poderosos en el medio (Inler, Gargano). En el ataque, la imaginación corre a cargo del ya archiconocido tridente en el que Hamsik imagina, Lavezzi inventa y Cavani torpedea.

Es una temeridad apuntar a los del sur de Italia como indiscutibles favoritos en la eliminatoria ante el Chelsea, pero si en este tipo de enfrentamientos el estado de ánimo tiene algo que ver, los napolitanos tienen un punto a su favor. El viernes, en partido adelantado a la jornada de Serie A, los de Walter Mazzarri dieron un puñetazo sobre la mesa en el Artemio Franchi de Florencia. Un 0-3 y un equipo convencido de sus posibilidades que quiere hacerse fuerte en casa para viajar a Londres con alguna garantía de éxito. Los de André Villas-Boas, en cambio, están en el centro de una temporada más bien convulsa en la que un proyecto nuevo y a priori estimulante se está estancando peligrosamente. Los escándalos del capitán John Terry, la desesperante falta de puntería de Fernando Torres o la incomprensible vulnerabilidad del sistema defensivo, son algunos de los factores que están cerca de descomponer a un equipo que tiene inalcanzable la lucha por la liga y que rozó el ridículo el sábado al bordear la eliminación de la FA Cup ante un segunda como el Birmingham (1-1). 

El encuentro puede ser para los de Stamford Bridge una pesadilla inoportuna pero también una opción para ganar en confianza. La de hoy es una situación de la que no tienen escapatoria. Un punto de inflexión, un duelo clave que puede marcar el inicio del ascenso o la consolidación del hundimiento del primer proyecto con la marca AVB. Antes de jugarse, el partido es un sueño para el Nápoles y un incómodo compromiso para el Chelsea.

jueves, 9 de junio de 2011

LA ITALIA DE PRANDELLI: ESTILO E IDENTIDAD


por Carlos Martín Rio

Menos de un año después de haber hecho uno de los mayores ridículos de su historia en el Mundial de Sudáfrica, la selección italiana ya da señales de estar completamente regenerada. Cesare Prandelli, que sustituyó a Marcelo Lippi tras el sonado fracaso mundialista, no sólo ha rejuvenecido al equipo. Ha dotado a la nazionale de un estilo propio, identificable, y que poco tiene que ver con lo que tradicionalmente ha exportado el fútbol italiano.

Aún no ha logrado ningún éxito reseñable, pero el ex de la Fiorentina ha conseguido, y no es poco, lavar la cara al equipo. Ha rejuvenecido las líneas –aunque sin deshacerse de los veteranos que realmente aportaban algo- y le ha dado un rumbo, un plan a seguir a la selección. A doce meses del inicio de la Eurocopa en Polonia y Ucrania, podemos ya asegurar que los italianos llegarán, tras años de inestabilidad, con buena disposición a un gran campeonato. Y sí, Italia es diferente e incluso se encuentra cómoda en situaciones de caos –véase 1982, la gloria tras el desastre, o 2006, el triunfo tras el moggigate-, pero es un hecho objetivo que lo que bien empieza tiene más probabilidades de acabar bien –o, por lo menos, de no acabar rematadamente mal-.

La revolución ha empezado por el sistema. Prandelli quiere que su equipo tenga la posesión del balón y que además practique un fútbol ofensivo. Esto lo hace con un 4-3-1-2 que a muchos les ha dado por comprar con el esquema del FC Barcelona de Pep Guardiola. Cierto es que juega en ataque sin una referencia clara en la punta, y que en el centro del campo todos sus hombres están bien dotados para la construcción. Y bien es verdad que sus laterales saltan al terreno con vocación ofensiva. Los barcelonistas se han erigido como modelo de éxito, ejemplo a seguir para equipos que pretenden una reconstrucción. De todos modos, y por muy buenas que sean las intenciones, aún le falta camino por recorrer a la azzurra si realmente quiere equipararse al campeón de Europa.

En la portería, de momento, no hay relevo. Gianluigi Buffon es un icono, un seguro, y aunque en los últimos tiempos su estrella se ha ido apagando, Prandelli ha confiado en él en la fase de clasificación a la Euro 2012. Cerca de la portería, en la defensa, si que se han hecho evidentes los cambios. En los laterales, Balzaretti y Maggio se encargan de abrir el campo y saltar de la defensa al ataque para multiplicar las opciones. En Palermo y Nápoles, respectivamente, actúan en más de una ocasión como carrileros en una defensa de cinco. No ocurre esto en la selección, hay cuatro en la zaga, pero conservan el ímpetu atacante. Italia no se repliega, Italia propone juego y abre el campo para que sus delanteros tengan más espacios. El centro de la defensa es joven y muy de la Juventus. Chiellini (26 años) y Bonucci (24) son los fijos, aunque en el último encuentro de clasificación, ante Estonia (3-0), el interista Ranocchia (23) fue el encargado de acompañar a Chiellini. Si los números sirven de algo para valorar el trabajo defensivo, podemos concluir que los de Prandelli son un equipo seguro. Sólo han recibido un gol en los seis partidos que llevan de fase de clasificación.

Quizás el gran valor de esta Italia que empieza a encandilar sea su centro del campo. El entrenador lombardo apuesta por la técnica. En el último partido oficial, además de Aquilani, que actuó en la media punta tras los dos delanteros, Pirlo, Montolivo y Marchisio –un veterano y dos valores emergentes- formaron en el eje. Todos ellos jugadores completos capaces de aportar tanto en defensa como en ataque. Y si en alguna ocasión el técnico italiano quiere más trabajo de contención, no tiene más que colocar a Thiago Motta como pivote y acompañarlo, como hizo ante Eslovenia, de dos jugadores con imaginación, como, por ejemplo, Montolivo y Aquilani, a los que es una gozada ver jugar.

En la delantera también ha quedado claro el recambio. Pazzini, el punta italiano por excelencia de los próximos años, que esta temporada dejó la Sampdoria para vestir la neroazzurra del Inter, es un fijo. A su lado encontramos normalmente a Cassano, que encuentra en la selección la continuidad que le falta a nivel de clubes. Tras ellos, Giuseppe Rossi, todavía futbolista del Villarreal, en plena línea ascendente, apunta a titular cuando empiece a rodar el balón en Ucrania y Polonia. Detrás de los dos delanteros centro se ha ido situando –además del antes mencionado Aquilani, a quién, lógicamente, también veremos en el mediocentro- Stéfano Mauri, un ya veterano lazial. Aunque tampoco es descabellado que en labores ofensivas nos encontremos algún día con Borriello o con el mismo Gilardino. Pero al que sin duda tenemos muchas ganas de ver lucir la zamarra azul es a Alessandro Matri. Tal es la nómina de atacantes que tiene el equipo que no encuentra el de la Juve su lugar.

Cinco victorias, un empate y ocho puntos de ventaja sobre el segundo clasificado. Son virtualmente equipo de Eurocopa. Italia quiere dejar atrás las prisas y los contratiempos de última hora y tratar de hacer el trabajo bien desde el principio. Quizás sea un cliché injusto, pero la visión popular de la tetracampeona es la de un equipo rácano, poco vistoso y tremendamente afortunado. Hoy Italia persigue el fútbol ofensivo y la alegría en el juego. Y lo que es más importante, hoy Italia tiene un proyecto, un ideario al que aferrarse. 

domingo, 8 de mayo de 2011

LA FIESTA MILANISTA

por Carlos Martín Rio

El Milan ha sido el mejor, el más regular, y por eso se ha llevado el scudetto. Es su 18º título de liga y llega siete años después del último. Hubo rivales, otros candidatos, pero no hubo discusión. Cuando Nápoles, primero, e Inter, después, amenazaron el liderato, el Milan respondió con autoridad –las dos veces por 3-0-. Ayer, en el Olímpico de Roma, después de empatar a cero en un partido absolutamente infumable –necesitaban el empate, ¿para qué esforzarse más?-, los futbolistas milanistas lo celebraron con júbilo sobre el césped.

Sobresalía en medio del festejo, por razones obvias, Zlatan Ibrahimovic, con su alargada sonrisa de gigantón. El sueco, como la cerveza, triunfa allí dónde va. Ganó ligas en la Juve –aquellas que luego se denegaron en los despachos-, se fue al Inter, donde siguió levantando trofeos, y fichó por el Barça para cantar el alirón en el Camp Nou. Ahora, en el Milan, suma y sigue. Un genio apático peleado con el mundo, pero un campeón al fin y al cabo. Así es Zlatan, que esta temporada ha marcado 20 goles.  A su lado, alguien hacía travesuras con la botella de champán. El hombre con cara de adolescente y expresión de loco, Antonio Cassano. Otro repudiado. Dejó la Sampdoria en invierno cuando su presidente, Riccardo Garrone, le puso la cruz. Mientras la hinchada lloraba su marcha, él encontró refugio en San Siro. No ha tenido un papel determinante, ha sido el actor secundario bobalicón que aparece en las películas para aligerar la carga dramática. Pero el eterno artista adolescente, el gamberro sin causa, ha conseguido su primer scudetto.

Otros, en cambio, ya conocían esa sensación. En el Milan hay muchos veteranos. Esos que han  tenido que oír una y otra vez que estaban acabados ahora son los campeones. Clarence Seedorf, el centrocampista con más clase de la plantilla, de 35 años, era consciente que la de ayer podía ser su última celebración. Siguen vivos en la Copa, podrían conseguir el doblete, pero eso es otra historia. Por eso cantaba y saltaba como si tuviera 20 años. Algo similar debía sentir Filippo Inzaghi, de 37. Pero el gran Pippo sólo enloquece con los goles. Lesionado, paseaba con calma, ligeramente disfrazado, con la bandera de Italia colocada a modo de bufanda. Estaba tranquilo, pero no tanto como Pirlo, de 31 años, que no sabe si está viviendo sus últimos días como rossonero. La pasividad de éste contrastaba con la actitud del portero Christian Abbiati (33), que hubiera pasado por un tifoso de los duros. También sonreían, claro está, Ambrosini, de 33, y Nesta, que tiene 34. Un magnífico grupo de futbolistas que pronto colgarán las botas.

Pato (16 goles) y Robinho (13), los delanteros brasileños, han tenido mucho que ver en la consecución del campeonato. El Milan es un equipo que se atasca habitualmente, que se pierde en la niebla espesa del ‘centrocampismo’ inoperante. Todo cambia cuando el balón llega a botas canarinhas, el juego se acelera y aparece la magia. Aportan toques de color en un equipo a veces demasiado gris. Pero para ser justos también habría que destacar la gran temporada de otro brasileño de la plantilla, Thiago Silva. Con 26 años, ya hace tiempo que es uno de los centrales de referencia en el mundo.

Los futbolistas de Massimiliano Allegri –el técnico, después de un año de debut ni mucho menos plácido, se ha reivindicado-, hacían una piña y saludaban a la afición milanista desplazada hasta Roma. Mientras, Gattuso atendía a los micrófonos de la prensa. ‘Nos daban por muertos’, decía. Y en cierto modo hay que reconocer que sí, que los dábamos por muertos. Ayer no había nadie en todo el mundo más orgulloso que Gennaro Gattuso.

martes, 22 de marzo de 2011

CAÍDA EN PICADO


por Carlos Martín Rio

¿Cómo un equipo que la temporada pasada se clasificaba para la fase previa de la Liga de Campeones está ahora hundido y pensando en evitar el descenso? ¿Qué ha pasado para que el conjunto que afrontaba el nuevo curso con la mejor pareja atacante de Italia, ahora tenga que conformarse con una plantilla de segundo nivel que no puede hacer más que evitar ser relegada a la Serie B?

Hace sólo un año, la Sampdoria era feliz. Luchaba al nivel los grandes, se permitía incluso el lujo de ganarles y tenía proyectado volver a la máxima competición europea 19 años después de aquel lejano 1992 en el que perdió en la final de Wembley ante el FC Barcelona. Unos meses después, el club blucerchiato, que ha ido perdiendo piezas clave mientras era devorado por los problemas internos y la mala gestión, está viviendo un infierno.

El primero en marcharse fue Luigi Delneri, el entrenador que en sólo una temporada había conseguido llevar al equipo hasta la cuarta plaza de la liga. La Juventus había llamado a su puerta y junto a él se fue Giuseppe Marotta, el encargado del área deportiva. Era un contratiempo, pero los objetivos del conjunto genovés continuaban siendo ambiciosos. Domenico Di Carlo, que venía de hacer dos buenas campañas en el Chievo,  se hizo cargo del equipo con la transcendente ronda previa de la Champions League  ante el Werder Bremen en el horizonte inmediato.

La derrota en esa eliminatoria y el hecho de tenerse que conformar con jugar la Europa League fue un golpe duro, esa primera chispa que acaba por provocar un incendio. La Samp no empezó con buen pie, debió reforzarse más y mejor en el mercado veraniego, y ofrecía algunas dudas. Pero el discreto rendimiento deportivo del inicio liguero, no era nada en comparación a lo que pasaría unas semanas después, a raíz de la explosión de esa bomba de relojería llamada Antonio Cassano.

Ocurrió a finales de octubre. El delantero, en medio de una disputa menor, insultó a Riccardo Garrone, el presidente de la entidad. El mandatario nunca se lo perdonó y no paró hasta verlo fuera del club. Fue un bochornoso espectáculo que no hizo más que desviar la atención mientras la hinchada clamaba por una solución amistosa que significara la vuelta a la normalidad. Pero como suele ser habitual en este tipo de casos, la absurda disputa entre el futbolista de Bari y Garrone la acabó pagando la propia entidad y el jugador acabó siendo regalado al Milan.

Mientras el equipo empezaba a perder un partido detrás de otro, ya sin Cassano, y la decepción era absoluta, se produjo un nuevo movimiento fatal en los despachos. Giampalo Pazzini, el futbolista de más talento del equipo, el delantero que maravilló formando dupla con Cassano, también hacía las maletas para irse a Milán, en su caso al Inter. Los neroazzurri sólo tuvieron que pagar 12 millones de euros y dar a Jonathan Bibiany a cambio del mejor delantero italiano del momento. Otro traspaso controvertido e incomprensible que desató las iras de una afición que se siente engañada por la cúpula directiva.

Era el fin definitivo del sueño de volver a la élite y el inicio de una cruda pesadilla. La mala gestión de la plantilla, de los traspasos, la falta de diplomacia y, claro, la falta de ambición han acabado por condenar al equipo.

Habiendo conseguido sólo 8 puntos de los últimos 42 en juego, ni siquiera el cambio de entrenador –hace dos semanas que llegó Alberto Cavasin en substitución de Di Carlo- ha frenado esta caída libre sin red. A falta de ocho jornadas todavía por disputarse y pese a que todavía tienen tres puntos de margen sobre la zona de relegación, en la Doria tiemblan al pensar que, si se mantiene esta pésima racha, son carne de descenso.


SÍ, DEFINITIVAMENTE ERAN OTROS TIEMPOS

martes, 15 de marzo de 2011

EL EQUIPO DEL MOMENTO EN ITALIA


por Carlos Martín Rio

Hace unos días nos referíamos al Nápoles como uno de los conjuntos revelación de la Serie A esta temporada, precisamente en las jornadas previas a su decisivo –y fallido- duelo contra el Milan en San Siro. Visto lo visto en las últimas semanas, no podemos pasar por alto a otra de las agradables realidades que se han instalado en el calcio. Se trata del equipo de moda en Italia, el Udinese, que en las últimas fechas parece tocado por una varita mágica. Con unos fantásticos registros, es ya uno de los mejor situados en la lucha por una de las plazas que dan derecho a jugar la Liga de Campeones la temporada que viene. 

La evolución de los de Francesco Guidolin, que vive su segunda etapa en el club, ha sido espectacular. Su inicio fue desastroso, perdiendo los primeros cuatro partidos y no ganando hasta la sexta jornada, ante el Cesena y por la mínima. Pero su escalada ha sido portentosa, y las dudas iniciales se han transformado en justificadas alabanzas.

Los números cantan. El Udinese de la segunda vuelta de la liga es sinónimo de espectáculo ofensivo, pero también de rigor y seguridad en defensa. El mismo conjunto que lleva 566 minutos sin recibir un solo gol, ha sido capaz de mantener en los últimos diez partidos una media de más de 3 goles por encuentro.

Y es que la pareja atacante formada por el curtido napolitano Antonio Di Natale y por el “Niño Maravilla” Alexis Sánchez, está de moda. El italiano,  que la temporada pasada fue el capocannoniere del calcio con 29 dianas, va camino de repetir honor este curso. De momento ya ha perforado la meta rival en 24 ocasiones. Casi nada. Su colega chileno, de 22 años –once menos que Di Natale-, está en el momento de su eclosión definitiva como futbolista. Llegado a Udine hace tres temporadas procedente de River Plate, donde fue campeón del Clausura 2008 con el Cholo Simeone como entrenador, es ya uno de los nombres que aparecen escritos en mayúscula en la agenda de los grandes europeos. Golazos como el que le endosó este fin de semana al Cagliari (ver vídeo más abajo) nos enseñan el por qué. Sus condiciones son las de un futbolista diferente.

El mediocentro suizo Gokhan Inler vive una situación similar a la de Sánchez. Su enorme rendimiento en la presente campaña lo ha situado también como codiciada pieza del mercado en el continente. Pieza clave en el centro del campo, destaca su colocación y sacrificio, pero también su conducción de balón, criterio y precisión en el desplazamiento. Aquí una pequeña muestra.

Los acompañantes de Inler en el centro del campo Pinzi y Asamoah, el polivalente Mauricio Isla, el defensor colombiano Zapata o el marroquí Benatia son otros de los fijos del equipo más en forma del Calcio. El entusiasmo se ha instalado de lleno en el Friuli.

Udine, una pequeña ciudad de 100.000 habitantes, quiere volver a codearse con los grandes. Cinco temporadas después de su primera participación en la Champions League –no pasaron de la primera fase en aquella ocasión- y después de varios años compitiendo alrededor de los puestos UEFA, se presenta en el claro horizonte la ocasión de dar el salto a la máxima competición continental. Es su techo esta temporada y el crecimiento futuro vendrá marcado, sobretodo, por las bajas que se produzcan en el mercado veraniego. En un club económicamente saneado como el Udinese, hay motivos para la esperanza. Por el momento, la etiqueta de equipo con efecto revitalizador del fútbol italiano, ya no se la quita nadie.

(Aunque desde Misterios de la Técnica queremos advertir que siempre que hablamos bien de un equipo pierde su siguiente partido. Que le pregunten al antes citado Nápoles o al Dortmund. Lo sentimos, no era nuestra intención.)

LA GOLEADA DE ESTE FIN DE SEMANA AL CAGLIARI

sábado, 12 de marzo de 2011

EL DERBI DE LA CAPITAL


por Carlos Martín Rio

Este domingo el Estadio Olímpico de Roma volverá a acoger el derbi más caliente del fútbol italiano. Lazio y Roma, Roma y Lazio, la lucha por el dominio de la capital y por el derecho a representar a la ciudad ante los gigantes del norte, una rivalidad casi enfermiza que durante los años ha ido enseñando los claros y los oscuros del calcio.

La Lazio fue el primero de los dos clubes en fundarse, en el año 1900. Fue el régimen fascista el que propició la creación de la Roma, en 1927, fusionando a varios equipos capitalinos para que pudieran hacer frente a las escuadras norteñas. Los laziales resistieron dicha unión y se generó así la bipolarización futbolística de la ciudad, siendo la Roma el favorito de las clases proletarias y la Lazio, el de las clases medias. En las últimas décadas, los ultras de los dos bandos, ambos con tintes ultraderechistas y xenófobos, han sido a menudo más protagonistas que el balón, provocando enfrentamientos y disturbios dentro y fuera del estadio.

En lo estrictamente deportivo, la historia moderna de los dos clubes ha estado caracterizada por los altos y los bajos. La Roma fue feliz en los ochenta, pero la crisis lo golpeó en los noventa, precisamente en el momento en que la Lazio empezaba su década de bonanza, e iba añadiendo a sus filas hombres de la talla de Pavel Nedved, Alessandro Nesta o Marcelo Salas. Cuando los celestes fueron devorados por las deudas, se estableció de nuevo la hegemonía de la Roma, cuyo dominio está hoy en entredicho.

Es difícil dirimir, basándonos en los títulos cosechados, cuál de los equipos es el más grande. Siempre teniendo en cuenta que ninguno tiene un palmarés comparable al de los Juventus, Milan e Inter, hay que decir que es la Roma el equipo con más honores a nivel nacional, con 3 ligas y 9 copas que superan las 2 ligas y 5 copas del equipo celeste. En Europa, los laziales han tenido más glorias recientes y brillan en sus vitrinas la Recopa y la Supercopa europeas del año 1999. En las filas romanistas sólo los más viejos del lugar recuerdan aquella Copa de Ferias conseguida en 1961 ante el Birmingham, el mayor logro continental de los giallorossi. Sus dos últimas finales internacionales, se saldaron con derrota. La Copa de la UEFA de 1991 (ante el Inter) y la especialmente dolorosa caída en la final de la Copa de Europa de 1984 en la que el Liverpool venció en los penaltis en el Olímpico de Roma. Dudoso honor pues, para la Roma, que es el único equipo que ha perdido una final de tal magnitud en su propio estadio.

En la actualidad, tras un par de temporadas de reestructuración, la Lazio de Edoardo Reja está realizando una notable campaña. Después de un inicio fulgurante en el que se llegó a plantear como candidato al título, ha ido perdiendo gas, pero se encuentra todavía luchando por entrar en la Liga de Campeones, lo cual supondría un éxito para un equipo que arrancaba la temporada con objetivos más modestos.

La Roma, en cambio, aunque mantiene sus opciones de quedar entre los cuatro primeros –está a cinco puntos, precisamente, de su eterno rival, que es cuarto- está viviendo una temporada mucho más tormentosa. Después de que la campaña pasada el título de liga se les escapara por poco, este año la cabeza queda muy lejos. Después de la patética eliminación a manos del Shakhtar Donetsk esta semana, los de Vincenzo Montella –que sustituyó a Claudio Ranieri en el banquillo hace menos de un mes- deben centrarse en su lucha por dar caza a los laziales. 

domingo, 6 de marzo de 2011

POCO O NADA


por Carlos Martín Rio

Si el lunes el Milan desmontó de un plumazo las esperanzas del Nápoles de acercarse al Scudetto, ayer sábado los rossoneri dieron un nuevo golpe de efecto. El equipo de Massimiliano Allegri derrotó a la triste Juventus a domicilio, en un flojísimo partido por parte de los dos bandos. Si ante los napolitanos, los milanistas no necesitaron nada más que sacar a pasear la calidad de sus hombres ofensivos, ante la Juve ni siquiera eso fue necesario. Una jugada aislada rematada por Gattuso, cuyo disparo acompañó Buffon con un error impensable en otros tiempos, fue suficiente para que el Milan se llevara los tres puntos. Un gol que describe absolutamente lo que fue el encuentro, feo y dominado por los futbolistas de corte defensivo.

Poco o nada más se vio sobre el césped. Ninguno de los dos conjuntos mereció ganar. Pero el caso es que, sin enamorar, sino más bien todo lo contrario, el líder sigue afianzado sólidamente en su posición después de haber superado sin sufrir demasiado dos partidos que a priori eran de exigencia y que estaban marcados en rojo en la agenda del Inter, que ayer vio como sus opciones de revalidar el título de liga se desvanecieron un poquito más.  

Estaba contento Allegri al término del encuentro por la capacidad defensiva que habían enseñado sus jugadores. Lo cierto es que, sin querer quitar méritos a un Milan que no perdió en ningún momento el orden y que, a su manera, dominó, hay que decir que la Juventus no habría marcado un gol ni aunque el partido hubiese durado tres días. Más allá de lo que puedan ofrecer Krasic o Matri, cuyo talento se ve eclipsado por el rígido esquema en el que quedan encajados, la Juve es un equipo gris y plano, que vaga por los partidos sin rumbo ni convicción. Se entiende que la plantilla tiene ciertas limitaciones importantes, pero siempre se le debe exigir mucho más a un conjunto como la Juventus.

El cargo de su técnico, Luigi Delneri, peligra, ahora sí, mucho. Aunque ha sido ratificado por la dirección  del club inmediatamente después de esta última derrota, la sensación es que, su incapacidad para explotar los recursos con que cuenta ya lo ha condenado del todo. O mucho cambia la cosa o todo apunta a que pronto el banquillo de la Vecchia Signora tendrá un nuevo inquilino. 


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GOL DE GATTUSO: JUVENTUS 0-1 MILAN

miércoles, 2 de marzo de 2011

DOSIS DE REALIDAD


por Carlos Martín Rio

Mucho se esperaba del Nápoles ante el Milan el lunes en San Siro, pero poco acabó mostrando. Poco bueno, por lo menos. Los más optimistas creían que los napolitanos tenían una opción real de luchar por el Scudetto, de reencontrarse con su ya casi olvidada grandeza y ser una alternativa real a los equipos de Milán -mientras la Juve y la Roma andan perdidos en sus mundos y otros buenos conjuntos, como la Lazio o el Udinese, tienen intereses más modestos-. Pero visto lo visto -un 3-0 incontestable- habrá que rebajar las expectativas que muchos  pusimos sobre el equipo de Walter Mazzarri (ya habréis notado que en Misterios de la Técnica estábamos entusiasmados).

Decepción? Cierto es que no se acaba de entender del todo por qué los azzurri presentaron un equipo con algunos suplentes en Villarreal y entregaron parte de sus opciones de Europa League pensando en el duelo liguero con el Milan, si optaron luego por agarrar el papel de víctima sin rechistar. Esperábamos un poco más de irreverencia y atrevimiento de un equipo que está dando nuevos aires a la liga italiana. Queríamos ver a un conjunto arriesgado que obligara al Milan a abandonar su simplismo estilístico. Pero la realidad fue otra, la intención de los sureños fue la de aguantar el empate a cero y limitar los destellos de talento de sus rivales del norte. Sin más. Y encima, se llevaron una goleada. Podemos lamentarlo y sentir que el Nápoles se borrara voluntariamente de la lucha por la competición, pero eso significaría ser muy injusto.  Vamos a ser positivos. Puede que ésta no sea la temporada de la revolución en el calcio, pero en ningún caso hay que quitar mérito a la trayectoria de los napolitanos, que siguen en plena lucha por estar el año que viene en la Liga de Campeones, un premio de una enorme trascendencia para un club en fase de crecimiento. Han encontrado su límite real esta campaña. Ahora les queda luchar por seguir ahí arriba, siendo competitivos. 

Así pues, después de esta pequeña dosis de realidad, el líder indiscutible sigue siendo el Milan. Motivo para la reflexión. Ese equipo que juega sin crear, que no se caracteriza ni mucho menos por la solidez, que vive de la pura inspiración de unos artistas -eso sí, excelentes artistas- en ataque y que sufre, casi impotente, ante el cuarto clasificado de la Premier inglesa -el Tottenham-, desfila con paso más o menos firme en Italia. Y el otro máximo aspirante, el resucitado y realmente mejorado Inter de Leonardo también ha sufrido últimamente una reprimenda europea. Sin dejar de respetar a la liga en la que juega el actual campeón de Europa -ah, muchos echan de menos a Mourinho...-, parece claro que, los que se decepcionaron con el Nápoles el lunes, se decepcionaron, en cierta manera, con el calcio.

viernes, 25 de febrero de 2011

LOS REYES DEL SUR



por Emanuel Vergara
Cuando hace dos semanas el astro brasileño Ronaldo decidió colgar las botas, describió el hecho como su ‘primera muerte’. Desde esta perspectiva bien podríamos aseverar que también pueden existir varios nacimientos.
Así, el 1 de agosto de 1926 nacía por primera vez, en Nápoles, la Società Sportiva Calcio Napoli. Durante su primera existencia este popular club del sur de Italia estuvo inmerso en la nebulosa constante del devenir del fútbol italiano: el poder de los ricos del norte en detrimento de los pobres del sur.
Hasta 1984 los napolitanos se paseaban con parsimonia por la Serie B y la Serie A sin saber cuál era su verdadero lugar. Un par de Copas de Italia (1962 y 1976) edulcoraron esa amarga existencia.
Pero a partir de 1984, el Napoli encontró en el mapa ‘el camino de San Diego’ y se dejó llevar por la inercia dulce del mismo. La contratación de Diego Armando Maradona es el momento exacto del segundo nacimiento del equipo celeste.
La magia de D10S y el empuje de toda una ciudad pusieron de rodillas a todo el norte de la Italia rica, escupiendo en la alfombra roja de los grandes generales. ‘El camino de San Diego’ condujo a la obtención de dos scudettos (1987 y 1990), una Copa Italia (1987), una Supercopa (1990) y una Copa UEFA (1989).
Pero como se nace se muere, y la institución murió de sobredosis. El doping positivo de Maradona en 1991 puso fin a una vida que no había soñado ni el más soñador. A partir de allí la oscuridad.
Descenso a Serie B, después de 32 años, en 1998; regreso efímero a la A en 2000 para volver al infierno en 2001. Pero en 2004, lo peor: quiebra, descenso a Serie C1 y refundación con el nombre de Napoli Soccer.
Hoy, la realidad es diferente. La eliminación de los napolitanos en Europa League frente al Villarreal no esconde lo que es un secreto a voces, Nápoles está encinta. Desde 2006 encadenó dos ascensos consecutivos, volvió a su nombre original (Società Sportiva Calcio Napoli) y se consolidó en la máxima categoría sin sufrir por la parte baja de la tabla.
Hoy el equipo que dirige Walter Mazzarri está segundo a dos puntos del AC Milan (se enfrentan el lunes en San Siro) cuando ya ha transcurrido más de la mitad de la temporada. Nadie se anima a decirlo, pero la niebla de los años tormentosos comienza disiparse y bajo ella asoma ‘el camino de San Diego’.
La propuesta de Mazzarri escapa a los convencionalismos del fútbol italiano, gracias a una propuesta audaz. Con un 3-4-1-2, el Napoli es un equipo vertiginoso que llega al ataque con mucha velocidad y mucha gente.
La versatilidad del dibujo táctico tiene a los celestes en el ‘Top 5’ de los equipos goleadores (41 en 26 partidos), pero además es la segunda valla menos vencida con sólo 21 tantos. Es que al defender, la dinámica de la táctica transforma ese 3-4-1-2 en un 5-3-2 a prueba de balas.
Pero el dibujo no sería nada sin los intérpretes. Jugadores como Marek Hamsik, José Sosa, Giuseppe Mascara, Pocho Lavezzi o Edison Cavani (capocannionere con 20 goles, casi el 50% del equipo) son el cerebro y brazo ejecutor de la squadra, que se sustentan en el sudor del ida y vuelta de los carrileros (Zúñiga, Dossena, Maggio), la rocosidad de los mediocentros (Gargano, Pazienza, Yebda) y una defensa denominada ‘ materia’ (y la materia es impenetrable) con jugadores como Paolo Cannavaro (capitán), Salvatore Aronica, Hugo Campagnaro o el ex españolista Víctor Ruiz.
La eliminación del jueves en el Madrigal no es más que la náusea de un madre primeriza. En Napoli algo se está gestando, el nerviosismo y la tensión suben minuto a minuto. ‘El camino de San Diego’ sigue ahí, sólo hay que seguir las indicaciones. El gigante del sur ha vuelto, tiemblan los generales, el lunes puede haber un nuevo renacer.
Para entrar en ambiente para el lunes: partidos entre el Napoli de Maradona y el Milan

lunes, 26 de abril de 2010

EL PASADO PESA

Qué contento que se le veía a Francesco Totti después de derrotar a su rival en la capital italiana, la Lazio. Totti -simpático chaval donde los haya- dejó que la euforia de un título de liga que creía tocar con los dedos se desbordara, olvidó su brazalete y se comportó como un aficionado romanista más, dedicando un gesto a la grada rival con los pulgares hacia abajo, dando a entender que se regocijaba con la idea de ver a los laziales bajar a la Serie B. El bueno de Totti. Le perdió la euforia. Hay que controlar los impulsos cuando todos los ojos están puestos en ti. Porque uno es dueño de sus silencios, pero esclavo, para siempre, de sus gestos.

Y una semana más tarde todo es diferente. La Roma perdió ayer contra pronóstico ante la sólida Sampdoria. Digo contra pronóstico porque cuando el mismo Totti adelantó a su equipo en la primera parte, pocos podían vaticinar que dejaran escapar los líderes la oportunidad de dejar la Liga casi liquidada. Había ganado el día antes el Inter, y se había colocado en cabeza provisionalmente, pero la presión parecía que no afectaba a los de Ranieri en los primeros compases del partido. Era una sensación engañosa, el resto ya lo conocemos. La Sampdoria mata al contraataque y remonta. 1-2. La Roma pasa a la segunda plaza y ahora tiene que esperar un pinchazo del Inter. Algo poco probable en los tres partidos que quedan. Me explico. 

Si echamos un vistazo al calendario vemos que la próxima semana los de Mourinho tienen una dura salida al Olímpico para enfrentarse a la Lazio. ¿Dura? ¿seguro? En condiciones normales sería así, pero con los laziales con los deberes casi hechos, habiendo eliminado casi con toda seguridad la amenaza del descenso, no sería de extrañar que los aficionados celestes celebren los goles de los neroazzurri con una media sonrisa maliciosa, y que los jugadores, contagiados, tampoco se tomarán demasiado en serio el compromiso.
Si hubiera echado un vistazo a las opciones del futuro, Totti se lo habría pensado dos veces antes de faltar al respeto a una afición que ya tiene suficiente con lo suyo, dentro y fuera del propio club.